lunes, 30 de julio de 2018

ψάχνοντας για το φυλακτό μου

Y pasarán los años y yo seré como las canciones de Sabina, ecos del alma que se repiten día tras día...
 Mariposas, piedras, árboles, seres humanos e inalcanzables...hechos de madera, de artnoul, de índigo...es igual porque el todo alcanza el uno hasta hacerlo indivisible. Y así suelen ser los amuletos, pequeños o grandes objetos indivisibles que nos acompañen toda la vida, en forma material,  astral, matemática, irrazonable que nos hace sentir mejor, que nos da energía , que nos reafirma...pero sobretodo utilizado como amor necesitado,  como puro ego lanzado al vacío, como sombra al miedo cuando amanece...Así utilizamos a los amuletos como necesidad transitoria, como lo que dura un orgasmo o el trago de un tequila. Amuletos vacíos para sentirnos más.fuertes o ser capaces de ser más débiles mientras algo nos.protege. En definitiva como el amor mismo cuando una noche de perseidas busca algo infinito.
Y ojalá las cosas con las que nos encontrasemos fueran con la misma magnitud con las que deseamos, aquello que en verdad queremos y no deja espacio ninguno para amuletos superfluos, relaciones tatuadas de postureo. Tener y ser lo que uno es cuando ve que el otro también lo permite ser. Ese es el verdadero amuleto, autenticidad a mostrar los miedos con la misma angustia y permitir que sean irremediablemente deseados entre todas las especies, autenticidad a atreverse a mostrar la vergüenza aunque esta este sobrevalorada por la autoestima, autenticidad para contar la verdad aún en tiempos de aperiencia y pura multiplicidad.
Y ojalá hubiera más de esto, menos placer sin serlo, más miedo, más sufrimiento...forma egodescentrada de la búsqueda un amuleto infinito, de la humanidad en su auténtica forma de ser.