A veces el efecto somnífero de una
idea o pensamiento viene determinado por una duración e intensidad
del mismo.
Este conforme van pasando los días es
cada vez más inocuo, tan inocuo que la sutil transparencia de la que
ya se compone no percata ver por lo que estabas luchando o por lo que
tenías en mente.
Yo lo llamo pequeñas contradicciones
que acaban viniendo y que hacen de un café dulce un café amargo.
Pequeña ignorancia que te hace creer
que ya eres fuerte y que has crecido, que ya no tienes alergia y
sales como un héroe en búsqueda de adrenalina, sin darte cuenta de
que te has excedido como el hombre chicle, de que has trepado como el
hombre araña por las nuevas calles de la ciudad y has jugado a
superhéroes en una noche aun perecedera de amor.
Cuando sabes lo que quieres, cuando
sabes lo que no quieres... pero acabas haciendo lo que no quieres
negando a lo que quieres.
Esta pequeña contradicción que genera
algo así como un cortocircuito en tu estómago, que no sabes porque
pero acabas contra-diciéndote, tus palabras a tus acciones.
Cuando juzgas a alguien pero luego te
comportas como sino hubiera cavidad a lo que tus palabras mancharon.
Cuando cruzas la línea de algo que
sabes que esta mal...Cuando tocas con la punta de los pies todos esos
Y SI.....Y SI....
Cuando tu cabeza dice que no pero tu
cuerpo dice que sí, estúpida contrariedad tan latente en nuestro
cuerpo esperando una reconciliación a la incomprendida y tan juzgada
ambivalencia que nos hace cambiar continuamente.
Esperando no sentir la contrariedad y
tragarme mis palabras como absenta para no traicionarnos a nosotros
mismos con estas pequeñas....Pero solo pequeñas....contradicciones.
Cuando crees hallar el click de la
cuestión de todos tus problemas, desvanecen los ocasos por
amaneceres seguros de optimismo.
Pero el gran gigante sin nombre que
habita escondido en cualquier parte de nuestro cuerpo, aparece en
forma de patadas avisando que el pasado hace su rutinaria visita una
vez a la semana.
Ya sabes, no avisa, simplemente sin más
se presenta puede ser un martes a las cuatro de la tarde, un domingo
a las diez de la noche...
Lo importante no es cuando viene
inesperadamente, lo verdaderamente importante es que espera
descolocar tu habitación y volver a las pequeñas contradicciones
del pensar una cosa y sentir otra.
Tendré que echar a cara o cruz esta
pequeña contrariedad de la que no sé si hablo de lo que siento o
siento lo que hablo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario